07 marzo 2016

Capítulo 96 Vidas paralelas

(Tiempo aproximado de lectura: 53 minutos)


—Mírate, si estás en los huesos; y esas ojeras… No lo voy a consentir, estás obsesionada.

—Solo unos días más, ya casi estoy acabando.

—Eso llevas diciendo… ¿cuánto? No Carmen, no. Te  escucho y me asustas, hablas de esa náufraga como si fuera otra persona. Te concedo una semana, después te vienes a casa o si no...

—Irene, por favor.

—No soporto verte así, no te imaginas cómo has cambiado. Tienes que parar, no sé si estás consiguiendo lo que buscas pero por  el camino a lo mejor pierdes más de lo que encuentres.

¿Es posible? Carmen percibe un brote de miedo. Quizás está tensando demasiado la cuerda sin darse cuenta. Todo tiene un límite y puede que no haya calculado la resistencia de las personas que la rodean.

—Te lo prometo, antes de Semana Santa termino con esto.

Irene la mira con escepticismo desde el cuarto de baño con el cepillo de dientes aún en la mano. Carmen observa cómo el enfado se diluye y la mirada se va transmutando desde la incredulidad hacia el deseo. No es extraño, la  imagen debe ser arrolladora; tumbada en la cama, la sábana apenas cubre sus caderas. No se mueve, se deja mirar sin hacer un solo gesto; no  pretende provocarla, sabe que no lo necesita. Esa postura inocente, con una mano tras la nuca y la otra bajo la sábana parece insinuar algo que no sucede pero que bien podría suceder. No se da cuenta pero un leve movimiento, una cadencia forma suaves ondas bajo la tela y capta la atención de esos ojos color miel.

10 diciembre 2015

Capítulo 95 El largo y tortuoso camino

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


El camino de Mario


—¿Tú?

Raúl separó la espalda del sillón desde el que había comenzado a escucharme como si hubiera recibido una descarga eléctrica, apoyó los brazos sobre la mesa y se quedó mirándome incrédulo.

—Si yo, ¿qué pasa, no te consideras capacitado para tratarme? Si piensas eso me insultas.

Raúl Montes había sido mi mejor alumno de doctorado. Luego, cuando se interesó por los trabajos que yo realizaba con una nueva técnica para el TEP, no dudó en unirse a mi grupo de investigación dejando de lado jugosas ofertas en el sector privado. Fueron años en los que trabajamos codo con codo y en los que maduró como investigador y se afianzó nuestra amistad.

Ahora era el momento de recuperar mi inversión, así se lo dije y sonrió, sabía que no soy tan interesado. 

—Se trata de un tema muy delicado, extremadamente delicado, no creo que pudiera hacer esto con nadie más.

—¿Tan grave es? —Cambió su expresión, ahora estaba claramente preocupado.

—Si aceptas voy a poner en tus manos toda mi reputación.

—Mario, no sé si...

—Confío plenamente en ti. No estaríamos hablando si no fuera así. Y en lo profesional, no hace falta ni mencionarlo.

Apoyó el mentón en las manos y se meció levemente durante unos segundos. Por fin pareció haber tomado una decisión.

30 septiembre 2015


Capítulo 94 Agité la botella…

(Tiempo aproximado de lectura: 50 minutos)

  30sep15


“Luego te llamo, necesito pensar, estar solo”

Una vez más la evitaba.

 Llevaba intentando comunicarse conmigo desde el sábado, sin prisas para no agobiarme. La primera vez aquella misma madrugada, una llamada que no contesté; el domingo por la mañana hacia las doce probó de nuevo, un mensaje marcado por la cautela; debió imaginar de todo al ver que no la llamaba, incluso que Carmen y yo habíamos iniciado el camino de la reconciliación. A las tres de la tarde, quizás sobrepasada por la preocupación me volvió a llamar pero no fui capaz de responder; en lugar de eso le envié ese mensaje. Puro egoísmo; un mensaje en el que, una vez más, no pensaba en la otra persona que formaba parte de mi vida en ese momento. Yo, conmigo mismo, lamiéndome mis heridas.

No volvió a insistir; la imaginé desolada, ignorada por el hombre que la dejaba al margen cuando más podía necesitarla, como si ella no fuese suficiente mujer para ayudarle.

¿Cómo decirle que no era esa la causa? ¿Cómo explicarle que solo necesitaba un tiempo de silencio, de soledad y luego, luego la buscaría?

La conversación con Doménico me había hecho ver las cosas con otra perspectiva. Hasta entonces me había situado en el punto de vista del marido abandonado, del esposo engañado. Sí, claro que reconocía una parte de la responsabilidad. Aceptaba que había sido el motor del cambio de nuestro matrimonio, un matrimonio que había descarrilado. Yo fui el impulsor del juego que en Sevilla la llevó a los brazos de Carlos, era yo quien le hizo cambiar sus ideas sobre las relaciones de pareja, quien movió los hilos para meter en nuestra cama los fantasmas de otras personas que, al menos en nuestras fantasías cuando el orgasmo estaba cerca, follaban con nosotros y así conseguía que Carmen consintiese en asumir como suyas ideas que al principio solo eran mías. Pero nada más; hasta ahí limitaba mi responsabilidad.

Aquella conversación, a  pesar del rechazo que manifesté, me hizo pensar.

De alguna manera fue como quien agita una botella de cava y cuando suelta el tapón intenta detener la fuerza desbordante que él mismo ha provocado. Por mucho que se esfuerce por devolver el corcho a su lugar jamás conseguirá controlar la furia que ha desatado.

05 julio 2015

Capítulo 93 Un punto de inflexión


(Tiempo aproximado de lectura: 27 minutos)  


–No me has entendido, he olvidado las llaves.

Carmen escucha el silencio, ese silencio incrédulo. Quizás no ha sabido fingir con suficiente convicción, son tantos años juntos, y él la conoce tan bien…

–Claro, ¿cómo lo hacemos, te pasas por aquí o quedamos en la cafetería de abajo?, lo que tú quieras.

No, no puede seguir por ahí, ha sido un error.

–Espera, creo que… sí, efectivamente, las había dejado en la guantera, se me acaba de venir a la cabeza.

No es ella, no parece ella. Y no sé qué pensar, es todo tan absurdo, tan artificioso entre nosotros. No, no quiero continuar con esto.

–¿Algo más? –He sonado brusco, demasiado brusco. Intento pensar en algo que lo suavice pero ya es tarde, Carmen acusa el golpe. 

–No, nada. – Su voz se apaga.

–¿Cómo quedamos?

–¿Lo hablamos mañana, te parece?

–Como quieras.

03 junio 2015

Capítulo 92  Cicatrices

(Tiempo aproximado de lectura: 22 minutos)


 

¿Es posible que me esté acostumbrando a vivir solo? No lo sé, lo cierto es que una nueva rutina se ha instalado en mi vida, una rutina que se ha superpuesto a la que formaba parte de mi vida anterior.

El dolor está ahí, lo percibo pero es más llevadero que los primeros días. Ahora me despierto y me cuesta menos entrar en mi nueva realidad. Me he acostumbrado a que sea la radio quien llene el silencio que me rodea. Ahora es Iñaki Gabilondo quien habla conmigo y me pone al día cada mañana mientras me afeito y me visto. Luego, en el auto, continúa acompañándome, contándome las cosas que antes ya me contaba y que más tarde comentaba con Carmen.

Supongo que estoy comenzando a cicatrizar. Quizás es demasiado pronto porque tarde o temprano tendré que afrontar decisiones, encuentros con ella que harán que la herida sangre de nuevo. Falta por informar a la familia. Ese va a ser un trance duro, hay mucho vivido en común, mucho cariño entre todas las partes y habrá que comunicarlo de la mejor manera para que el daño sea el menor posible; mis suegros, mis padres, mis sobrinas, mi cuñada. 

Míos, míos. Forman parte de mí.

No, no lo van a entender, va a ser un golpe muy duro.