19 diciembre 2017

Capítulo 102 Carmen fuma

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


Aquella semana santa, semana de pasión, muerte y resurrección tal y como celebran los creyentes, un par de ateos nos encerramos en una casa y la vivimos en paralelo, sufriendo, muriendo y resucitando transformados en otros muy distintos a los que una vez habíamos sido.


Carmen fuma. La observo apoyada en el ventanal del dormitorio y me siento abrumado ante tantos cambios a los que me he tenido que enfrentar en tan poco tiempo.

Carmen fuma. Jamás pensé verla con un cigarrillo en la boca. Está relajada después de hacer el amor. Se ha levantado tras un momento en que la notaba inquieta. Casi como excusándose ha abierto el cajón de la mesita y ha sacado un paquete de tabaco. «¿Te importa? es algo que… Ya te contaré, ahora lo necesito pero pienso ir dejándolo, poco a poco» 

¿Qué le iba a decir? No quería dar la impresión de que me defraudaba, tampoco que le daba permiso. Esos primeros momentos andaba sobre un campo minado. «Claro» susurré esbozando media sonrisa. Sé que no es más que una buena intención; por la forma en que maneja el paquete y enciende el cigarro, por la manera en que aspira, contiene el humo y lo expulsa veo que ya es una adicta al tabaco y no le va a ser fácil dejarlo si acaso esa es su verdadera intención.

Se levantó y avanzó hacia el ventanal, lo entreabrió y allí se quedó mirando hacia el jardín, sin importarle su desnudez apenas cubierta por su brazo cruzado bajo el pecho que servía de apoyo para el que sujetaba el cigarro.

15 noviembre 2017

Capítulo 101 El regreso (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 105 minutos)



Prólogo. Ten years after.


Todo comenzó aquí 


Quince de Noviembre de dos mil siete.

Conocí a Carmen el verano de 1991; Dirigía yo entonces un curso de verano en la facultad y ella era una de las alumnas recién licenciadas que se había matriculado a última hora, casi fuera de plazo, lo cual me había dado la oportunidad de conocer las razones que la traían a mi curso. Entonces tenía veintiún años y yo acababa de cumplir treinta y cuatro; Era una chica alegre, espontánea, segura de si misma o al menos lo aparentaba muy bien; hermosa, fresca, con una elegancia natural que la hacía más atractiva ante la ausencia de sofisticación y la nula intención de presumir de una figura perfecta. Alta, morena, de ojos profundos y oscuros, delgada sin perder la formas, piernas largas, espalda muy recta que, cuando llevaba su largo pelo negro recogido en un moño le daba un aire de bailarina de ballet…

Así comenzaba este diario hace hoy diez años, un diario que ni por asomo pensé que duraría lo que está durando. Un diario que inicié, como ya dije entonces, para mí y para exponer unas vivencias que quería compartir  por si encontraba, sobre todo solidaridad.

Los años me han mostrado mi ingenuidad y mi falta de profesionalidad en esto de escribir. He intentado corregir lo uno y lo otro. He procurado mantener un continuidad cuando mi tiempo me lo ha permitido y, a pesar de algunas profundas ausencias, aquí me habéis tenido durante más de cien capítulos y multitud de comentarios, algunos de ellos desafortunados que me han costado el abandono de varios lectores. Mea culpa.

El diario siguió mostrando la evolución de una pareja, sus aciertos y sus errores. Y en el camino se llegó al desencuentro. 

La fractura se hizo patente y la publiqué este día.

07 octubre 2017

Capítulo 100 El regreso (1)


(Tiempo aproximado de lectura: 32 minutos)

 

Cerrar etapas se está convirtiendo en algo habitual para Carmen. Decir adiós, abandonar el refugio y salir de nuevo al mundo a pesar de la intranquilidad que le provoca es algo que no puede demorar más tiempo. Lleva días sabiendo lo que necesita hacer y hoy ha tomado la decisión. Es el momento.

No ha sido tan difícil. Tomás es un hombre sagaz. No esperaba una llamada de Carmen a media mañana, nunca lo había hecho hasta hoy y enseguida intuyó lo que estaba por venir.

Y no se lo puso difícil, evitó el cuerpo a cuerpo porque no hubiera conseguido mantenerse entero y habría dicho y hecho cosas de las que más tarde se habría arrepentido. «Quiero dejarte el mejor recuerdo de mí» le dijo. No, no iría a despedirse aunque dudó, dudó tanto y tan fuerte que en más de una ocasión tuvo el teléfono en la mano a punto de llamarla. «Espérame, necesito verte, necesito hacerte el amor solo una vez más»

Aguantó dejando que pasaran los minutos, las horas, sintiendo cómo se hacía un poco más viejo.

04 febrero 2017

Capítulo 99 Juntando las piezas


(Tiempo aproximado de lectura: 71 minutos) 


Mullido. Es la palabra que se le viene a la cabeza para definir las sensaciones que tiene en ese momento. Refugiada en el costado de Tomás apoya la mejilla en su pecho. Está recostada, descansa el brazo en su estómago y ha subido el muslo sobre el de él. De ese modo consigue un precario equilibrio que le evita caer de vuelta a la cama.

Tomás es más grueso de lo que aparenta vestido pero es mullido, blando, de tacto suave y agradable. Tiene una capa de vello corto, seguramente se lo arregla con regularidad. Sus axilas aparecen cuidadas, exentas de antiestéticas melenas. Huele bien, no identifica la colonia que usa pero más allá percibe el aroma masculino, olor a hombre, limpio, excitante. 

Le sorprendió desde el primer instante. Los besos en el hall parecían no pedir nada más, solo caricias suaves, sensuales. Caricias expertas que buscaban agradar, excitar la piel sin buscar lo obvio, lo que la mayoría de los hombres pretenden en segundos. No, Tomás no tenía prisa, parecía estar más preocupado por dar placer, por conocer su silueta. No, definitivamente no tenía prisa por salir de aquel pequeño hall.

19 octubre 2016

Capítulo 98 Tiempo de cambios


(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)

 

—Bueno, ha sido un placer

—¿Ya te vas?

—Es tarde, todavía tengo que organizarme.

Percibió un gesto de extrañeza.

—Como te dije, mis días en la montaña acabaron hoy. Se me ha ido el santo al cielo y aún no he previsto dónde pasar la noche.

—¿A estas horas? Yo, si quieres, tengo un apartamento que...

Carmen sonrió escéptica.

—¿Tu picadero?

—No te ofendas, creo que somos mayorcitos para entender de lo que estamos hablando. Tú necesitas una solución para esta noche y yo la tengo; te dejo las llaves y te arreglas, mañana te organizas y en paz. Eres psicóloga, creo que en el tiempo que hemos estado hablando habrás tenido ocasión de calibrar si en mitad de la noche voy a aparecer para violarte.

—No, no creo. Gracias de todas formas.

Tomás desistió. Carmen miró el reloj, se le había hecho muy tarde.

—¿Ya os vais?

Álvaro se había acercado al verlos levantarse.

—Carmen se marcha, parece que tiene que buscar alojamiento ya que ha rechazado mi oferta.

En un instante se estaba viendo envuelta en una conversación que no deseaba.

—Si, Álvaro, me marcho ya —concluyó con decisión.

—¿Qué es eso de que necesitas alojamiento? —preguntó extrañado.