28 diciembre 2019



Capítulo 127 Consumación

(Tiempo aproximado de lectura: 77 minutos)


IV. La llamada


—Hola cielo, ¿qué tal vas?

—Mario soy Tomás. Carmen me ha dicho que te llame.

Eran las tres de la madrugada cuando sonó el móvil. Seguía despierto, la ansiedad no me había dado tregua. 

—¿Cómo es que tienes su teléfono?

—Me pidió que se lo guardara. Esto se va a alargar y no quiere que te preocupes.

—Pero… eso no es lo que le dijiste. ¿Qué está pasando?

Me arrepentí nada más decirlo, no quería avergonzarla. 

—Mira Mario: no soy yo quien ha empujado a tu mujer a que se metiera en esto, solo trato de que, ya que ha tomado esta decisión, no lo haga sola o caiga en malas manos.

Encajé la bofetada. Sí, era yo el responsable.

—Lo sé y te lo agradezco, solo quiero saber…

—Lo que tengas que saber será ella quien te lo cuente, yo ya he hecho lo que debía. Buenas noches.

—Solo dime una cosa: ¿Cuándo va a volver?

—No la esperes hasta mañana, se ha comprometido para toda la noche.

15 noviembre 2019

Capítulo 126 Tensión

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


 

Se extremadamente sutil, completamente misterioso. De esta manera podrás dirigir el destino de tu oponente.


Sun Tzu

El arte de la guerra.




La semana comenzó acumulando tensión. Solís no se puso en contacto conmigo, sin embargo mantuvo una reunión con Andrés que tuvo consecuencias inmediatas: un comunicado en el que se oficializaba la presencia de su gente. Los chicos de Solís, como los llamábamos, adquirieron el rango de asesores adjuntos a la dirección de departamento sin función específica alguna.

—Comisarios políticos. —sentenció Varela, arrugó el comunicado y lo lanzó al suelo de la cafetería donde nos habíamos reunido.

—No exageres —dijo José Luis en un intento de serenar los ánimos—, ponte en su lugar, tiene que ceder un poco.

—Hemos de aceptarlo y manejar la situación con mano izquierda, lo que más le gustaría es que provocásemos una situación de enfrentamiento. —propuse para tratar de aunar posturas. Todos asintieron. José Luis me señaló con el dedo y dijo:

—No todos disponemos de un as en la manga como tú. ¿Qué es lo que tienes contra Salcedo?

Me encontré frente a siete pares de ojos ávidos de información. No podía descubrir mis cartas, mi fuerza residía en mantener oculto lo que todos creían que poseía.

17 octubre 2019

Capitulo 125 Vértigo

(Tiempo aproximado de lectura: 42 minutos)


Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra,

traspasado por un rayo de sol:

y enseguida atardece.

Salvatore Quasimodo



—Voy a meter una pizza en el horno, ¿te apetece?

Salió del cuarto de baño y se detuvo para preguntarme. ¿Qué podía decir? Me quedé absorto en la tupida mata de vello de su pubis que poco antes había mordisqueado. En los oscuros pezones, remate de unos breves pechos que apenas repuntaban cuando se plantaba así, erguida sobre las plantas de los pies como si fuera a remontar el vuelo. Me perdí siguiendo el trazo de la sinuosa forma de las caderas, un suave perfil que marca el camino desde el valle de su cintura hacia los muslos sin romper la armonía. 

—¿Me atiendes? —preguntó conteniendo una sonrisa de disimulado orgullo.

—¿Qué decías?

Se acercó a la cama despacio.

—Mírame a la cara cuando me hables. Eso no te ve ni te escucha, ni te va a responder. 

Para cuando terminó de regañarme estaba frente a mí. Clavó una rodilla en el colchón y… eso, quedó a la altura de mi cara. Un potente aroma de mujer me inundó el cerebro.

25 septiembre 2019

Capítulo 124 El despertar

(Tiempo aproximado de lectura: 59 minutos)


El tiempo no espera a nadie


Al abrir la puerta de casa me extrañó no ver luz. Las llaves de Mario estaban donde siempre, en el cuenco de madera del aparador. Encendí la lámpara del salón, dejé el bolso y la chaqueta y seguí hacia la alcoba. «¿Mario?», lancé sin ninguna esperanza de obtener respuesta. Me liberé de los tacones y volví con intención de subir al ático, el único lugar donde esperaba encontrarle. «¿Estás ahí?» pregunté a mitad de escalera. Cuando llegué al rellano lo vi en el sofá leyendo en absoluto silencio, ajeno a mí como si no me hubiese escuchado. Me apoyé en el marco de la puerta cruzada de brazos. Tras una estudiada pausa dejó el libro.

—¿Dónde estabas? 

Así, a bocajarro. No es propio de él y tomé la mejor decisión, ignorar la provocación y llevarlo a mi terreno.

—Hola cariño, ¿qué tal tu día? Bien amor, y a ti qué tal te ha ido?

Pura comedia. Mantuvo algo de la fingida dignidad con la que me había recibido pero mi pequeña pantomima lo había desarmado. Me acerqué despacio y tomé asiento buscando el contacto. Le debía haber avisado de mi retraso es cierto pero no era para tanto, ¿o sí? Me miró de reojo algo inseguro desvelando la incertidumbre que lo asediaba. Esa era la clave: Vivíamos una etapa en la que no acertaba a prever cuales eran los pasos que estaba por dar, ni en ese momento en que me detuve ahí, pegada a él como tampoco predecía hacia dónde conducía mi vida. Esa era su incertidumbre.

Pobre. Lo besé en la mejilla.

—¿Qué pasa? —protesté bajito cerca del oído dejando una húmeda caricia.

—Te he puesto varios mensajes.

—Lo siento, no he prestado atención al móvil.

No me miraba. A pesar de estar tan cerca, tan pegada a él no me miraba. Mis palabras habían sonado directas en el pómulo y las acabé con un beso. Le estaba buscando, tal vez por eso no me miraba, tal vez por eso hizo un amago para evitarme. 

—¿Tan ocupada estabas?

¿Así que me lo quería poner difícil? Me separé muy despacio.

—Sí, estaba cumpliendo una promesa que te hice. 

22 agosto 2019

Capítulo 123 Ave Fénix

(Tiempo aproximado de lectura: 44 minutos)


Chaqueta tres cuartos de piel vuelta marrón, camisa en tonos tostados, pantalón de boca ancha por encima del tobillo en blanco roto y botines. No quería que mi regreso pasase desapercibido, pretendía acallar los rumores que sin duda circulaban sobre mí y una presencia y una actitud adecuada les mostraría a quienes me daban por derrotada que se equivocaban.

—Carmen, hola no  sabía que…

—Buenos días ¿todo bien? —saludé sin detenerme, era evidente que Andrés no había comunicado mi reincorporación.

—Espera, un momento.

Algo iba mal; la ignoré y seguí hacia mi despacho, había llegado temprano y no me encontré con nadie a mi paso.

—Carmen, es que no deberías…